La legalización de las apuestas deportivas en línea se asocia con un mayor uso de atención sanitaria por depresión y ansiedad. Un estudio estadounidense publicado en JAMA Psychiatry invita a observar qué sucede cuando apostar se vuelve más accesible. Sus resultados merecen atención, pero exigen una lectura cuidadosa: registra tratamientos y consultas, sin establecer qué le ocurrió a cada persona ni si apostaba.
Un partido puede continuar en el teléfono cuando ya ha terminado en el campo. Se revisa una apuesta, se calcula lo perdido, aparece la idea de recuperarlo en el siguiente encuentro. Esta escena cotidiana sirve para plantear una pregunta clínica: ¿cuándo empieza una actividad de ocio a ocupar un espacio que compromete el descanso, la economía o la relación con los demás?
La respuesta requiere conocer la situación de cada persona. También conviene estudiar el entorno que facilita esa conducta. La disponibilidad del juego forma parte de ese entorno.
Qué encontró el estudio sobre apuestas deportivas en línea
Westermeyer y sus colaboradores analizaron registros de seguros de salud estadounidenses entre 2016 y 2023. La muestra reunió casi 62 millones de personas-año: una misma persona puede aportar información en varios años, por lo que esa cifra no representa 62 millones de individuos distintos.
Compararon la evolución de la utilización sanitaria en estados que legalizaron las apuestas deportivas digitales con la de estados de comparación. Emplearon un diseño cuasiexperimental de diferencias en diferencias, que estudia cómo cambia un resultado antes y después de una medida en relación con otros territorios.
Tras la legalización, observaron estos incrementos en la probabilidad de registrar los siguientes resultados:
| Resultado registrado | Hombres | Mujeres |
|---|---|---|
| Dispensación de antidepresivos | +0,57 puntos porcentuales | +1,08 puntos porcentuales |
| Dispensación de ansiolíticos | +0,32 puntos porcentuales | +0,64 puntos porcentuales |
| Diagnóstico ambulatorio de depresión | +0,34 puntos porcentuales | +0,57 puntos porcentuales |
| Diagnóstico ambulatorio de ansiedad | +0,67 puntos porcentuales | +1,15 puntos porcentuales |
Los puntos porcentuales expresan una diferencia absoluta. Un aumento de 0,57 puntos equivale a unas 5,7 personas adicionales por cada 1.000, para ese resultado y bajo la estimación del estudio. No significa que el riesgo haya aumentado un 57 %. Tampoco pueden sumarse las filas: una misma persona puede aparecer en varios desenlaces.
No se detectaron cambios en el tratamiento por trastornos por consumo de sustancias ni en los diagnósticos de salud mental registrados en urgencias u hospitalización. La ausencia de un cambio detectable en esas medidas no permite descartar otros daños.
Las estimaciones fueron numéricamente mayores en mujeres, aunque los autores describen los resultados como más precisos y robustos en hombres. Por eso conviene evitar una conclusión apresurada sobre qué sexo habría sufrido un mayor impacto.
Lo que estos datos permiten decir y lo que queda abierto
El hallazgo central se refiere al uso de servicios sanitarios. Acudir a una consulta y recibir un diagnóstico registrado son hechos distintos de medir directamente los síntomas de toda una población. La dispensación de un medicamento tampoco reconstruye por sí sola la historia clínica que llevó a indicarlo.
Además, la exposición estudiada fue la legislación estatal. No se comprobó que cada persona atendida apostara, perdiera dinero o presentara un trastorno por juego. Parte de las consecuencias del juego puede alcanzar al entorno familiar, pero este estudio no identifica ese recorrido individual.
El diseño ofrece una base más sólida para evaluar una política que una comparación realizada en un único momento. Aun así, depende de supuestos sobre la evolución de los estados y sobre otros cambios que pudieran coincidir con la legalización. El resumen disponible no permite revisar todos los análisis metodológicos del artículo completo.
La muestra incluye a adultos con seguro vinculado al empleo en Estados Unidos. Quedan fuera otras situaciones de cobertura sanitaria. Trasladar las cifras directamente a España, a adolescentes o a personas sin ese seguro sería una extrapolación injustificada.

Cuando apostar empieza a organizar el día
Desde una perspectiva clínica, interesa comprender qué función cumple la conducta. Apostar puede vivirse como entretenimiento, como una expectativa económica o como una forma de apartarse durante un rato de una preocupación. Estas posibilidades son hipótesis para explorar con cada persona; el estudio no establece cuál explica sus resultados.
Imaginemos a alguien que pierde dinero y dedica el resto de la tarde a pensar cómo recuperarlo. La siguiente apuesta queda ligada a la promesa de aliviar esa inquietud. Si el patrón se repite, merece la pena examinar qué está manteniendo la conducta y qué consecuencias tiene. Este ejemplo ilustra una situación posible, sin describir a un paciente real ni representar a todas las personas que apuestan.
La Organización Mundial de la Salud advierte de que los daños del juego pueden incluir dificultades económicas, problemas en las relaciones y afectación de la salud mental. También señala que pueden aparecer antes de que se cumplan los requisitos de un trastorno por juego. Su marco amplía la atención hacia la disponibilidad y la promoción de estos productos, además de la conducta individual.
Señales que conviene atender sin ponerse una etiqueta
Una evaluación profesional valora la pérdida de control, la prioridad que adquiere el juego y su continuación pese a las consecuencias. Una lista de señales puede ayudar a reconocer dificultades, aunque no sustituye esa evaluación:
- Dedicar a las apuestas dinero necesario para gastos básicos.
- Intentar reducir o detener el juego y encontrar dificultades repetidas para hacerlo.
- Ocultar pérdidas o el tiempo dedicado a apostar por miedo a la reacción de otras personas.
- Seguir apostando pese a conflictos, falta de sueño o problemas económicos.
Conviene consultar cuando estas situaciones se repiten, generan malestar o afectan al funcionamiento cotidiano. No hace falta esperar a una deuda grave para hablar de lo que está ocurriendo.
Cómo empezar a pedir ayuda
Una primera conversación puede partir de un hecho concreto: «Me está costando parar» o «estoy usando dinero que necesito para otros gastos». Describir lo que sucede ayuda a que la consulta se centre en las dificultades y en los apoyos necesarios, sin convertirla en un juicio sobre el carácter.
La guía NICE sobre daños relacionados con el juego recomienda preguntar por esta conducta cuando una persona consulta por problemas de salud mental, y reconoce que la vergüenza puede retrasar la búsqueda de ayuda. Desde ese marco, resulta razonable abordar conjuntamente el juego, el estado emocional y las consecuencias económicas o familiares que puedan estar presentes.
Mientras se solicita una valoración, reducir el acceso al juego mediante herramientas de bloqueo o autoexclusión y buscar apoyo de una persona de confianza puede ayudar a poner distancia. Son medidas de apoyo; el tratamiento debe ajustarse a las necesidades individuales. Los familiares también pueden pedir orientación sobre cómo acompañar y proteger sus propios límites.
Si ya existe un tratamiento para la ansiedad o la depresión, conviene contar al profesional qué ocurre con las apuestas. Cualquier cambio de medicación debe acordarse con quien la prescribe.
Una pregunta para la prevención
Los resultados plantean una cuestión de planificación sanitaria: al ampliar el acceso a las apuestas, ¿se prevén recursos suficientes para detectar y atender los posibles daños? La respuesta requiere seguimiento, evaluación de las políticas y servicios accesibles. Este estudio aporta una señal relevante, con un alcance concreto.
En la consulta, la pregunta puede formularse de forma más cercana: cuánto espacio ocupa el juego, qué está desplazando y qué ayuda hace falta para recuperar margen de decisión. Hablar de ello a tiempo permite empezar a trabajar antes de que las consecuencias sigan acumulándose.
Fuentes consultadas
- Westermeyer, B., Eisenberg, M. D., y Meiselbach, M. K. (2026). Online Sports Betting Legalization and Behavioral Health Care Use. JAMA Psychiatry. Publicado en línea el 14 de octubre de 2026. Estudio y resumen del editor. Para este artículo se ha consultado el resumen público.
- Organización Mundial de la Salud (2024, 2 de diciembre). Juegos de azar y de apuestas.
- National Institute for Health and Care Excellence (2025). Gambling-related harms: identification, assessment and management. Guía NG248.
Dr. Ricardo Bravo de Medina Hernández
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica












