Hay una escena que ya no pertenece a ninguna edad concreta. Una persona se despierta, mira la hora en el móvil y, antes de levantarse, revisa mensajes, noticias y notificaciones. Más tarde pregunta a una inteligencia artificial cómo preparar un viaje, qué puede significar un síntoma o cómo responder a un correo. El teléfono sirve para hablar con la familia, pedir una cita, orientarse por la ciudad, consultar el banco, leer el periódico y llenar algunos silencios.
El 22 de septiembre de 2026, en Palabras Mayores, el espacio de Hoy por Hoy Bilbao-Bizkaia dedicado a las personas de más de 65 años, pusimos precisamente sobre la mesa dos cuestiones que empiezan a entrelazarse: la dependencia del móvil y la irrupción de la inteligencia artificial generativa en la vida cotidiana.1
La pregunta no debería ser si las personas mayores tienen que utilizar estas tecnologías o mantenerse lejos de ellas. Esa forma de plantearlo ya contiene un problema: trata a millones de personas como si fueran un grupo homogéneo y como si alguien tuviera que decidir por ellas.
La pregunta más útil es otra:
¿Cómo podemos utilizar el móvil y la inteligencia artificial para ampliar nuestra autonomía sin terminar dependiendo de ellos para vivir, decidir o relacionarnos?
No existe una única “vejez digital”
Hay personas de 70 años que utilizan banca electrónica, videollamadas, mapas, redes sociales e inteligencia artificial todos los días. Otras apenas manejan WhatsApp. Algunas tienen curiosidad y confianza; otras sienten que cada actualización tecnológica vuelve a cambiarles las reglas del juego.
Los datos españoles muestran que la brecha generacional sigue existiendo. En 2025, el 37,9 % de la población de 16 a 74 años había utilizado alguna herramienta de inteligencia artificial generativa durante los tres meses anteriores. Entre las personas de 65 a 74 años, el porcentaje era del 7,4 %.2
Ese dato no debería servir para concluir que las personas mayores “no entienden” la IA. La adopción tecnológica depende de muchas cosas: utilidad percibida, facilidad de uso, experiencia previa, apoyo disponible, confianza y percepción de riesgo. Una revisión sistemática publicada en 2026, basada en 59 estudios sobre adopción tecnológica en personas mayores, encontró precisamente que la utilidad es uno de los principales facilitadores, mientras que la ansiedad tecnológica, los riesgos percibidos y el edadismo interiorizado pueden actuar como barreras. El apoyo técnico, profesional e intergeneracional facilita el aprendizaje.3
Por eso conviene evitar dos caricaturas: la de la persona mayor incapaz de aprender tecnología y la de quien debe estar permanentemente conectado para demostrar que sigue siendo “actual”.
La autonomía digital no consiste en usarlo todo. Consiste en poder elegir qué tecnología nos aporta algo y cuál no necesitamos.
Usar mucho el móvil no significa necesariamente tener una dependencia
Esta distinción es especialmente importante.
Una persona puede utilizar muchas horas el teléfono porque habla con hijos que viven lejos, lee libros, escucha la radio, gestiona citas médicas, consulta rutas o participa en asociaciones. El número de horas, por sí solo, no permite diagnosticar una adicción.
La investigación en personas mayores utiliza términos diferentes —“uso problemático”, “dependencia”, “sobredependencia”, “conductas adictivas relacionadas con el smartphone”— y todavía no existe un umbral específico y universalmente validado para la vejez. Una revisión de alcance publicada en 2026, que reunió 22 estudios en adultos de 60 años o más, subraya justamente que un uso prolongado pero funcional no debería interpretarse como adictivo si no aparecen pérdida de control o interferencias importantes en la vida cotidiana.4
Así que la pregunta no es solamente:
«¿Cuántas horas uso el móvil?»
Sino:
«¿Qué lugar ocupa el móvil en mi vida y qué ocurre cuando intento dejarlo a un lado?»
Cuando una herramienta empieza a organizar el día
El uso empieza a ser preocupante cuando deja de ser principalmente una elección y empieza a convertirse en una necesidad difícil de controlar.
Puede ocurrir cuando revisamos el teléfono de manera automática aunque no haya nada que consultar; cuando sentimos inquietud si no está cerca; cuando las notificaciones interrumpen continuamente una conversación; cuando el móvil retrasa la hora de dormir; cuando dejamos de salir, movernos o mantener encuentros porque permanecer conectados resulta más fácil.
En la revisión de Jiang, Yao y Wu, los problemas más estudiados en personas mayores fueron el sueño, los síntomas depresivos, la ansiedad y la soledad. Pero hay que ser rigurosos: la mayoría de los estudios incluidos eran transversales. Es decir, muestran asociaciones, pero no permiten decir simplemente que “el móvil causa depresión” o que “la soledad provoca dependencia”.4
Muchas veces las relaciones son circulares. Una persona puede utilizar más el teléfono porque se siente sola y, al mismo tiempo, un uso que sustituya progresivamente los encuentros presenciales puede terminar empobreciendo su vida social.
Por eso, en clínica, interesa menos culpabilizar al dispositivo y más comprender qué función está cumpliendo.
El móvil también puede proteger autonomía
Sería un error contar solo la mitad negativa de la historia.
La tecnología digital puede ayudar a mantener contacto con familiares y amistades, facilitar gestiones, ofrecer acceso a información, apoyar actividades cognitivas, mejorar el acceso a servicios y aumentar la sensación de independencia.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 analizó 19 ensayos aleatorizados, con 1.947 personas mayores, sobre distintas intervenciones digitales. Encontró mejoras en algunos indicadores de función cognitiva, depresión y ansiedad. Sin embargo, la certeza global de la evidencia fue baja y no se observó una reducción estadísticamente significativa de la soledad.5
Este resultado contiene una lección importante:
la tecnología puede conectar, pero no debemos confundir conexión digital con vínculo humano.
Una videollamada puede acercarnos a alguien. Una aplicación puede facilitar una actividad. Un grupo de WhatsApp puede sostener relaciones que de otro modo se perderían. Pero ninguna herramienta garantiza por sí misma que una persona se sienta acompañada.
La inteligencia artificial añade algo nuevo: ahora la tecnología nos responde
Con el móvil aprendimos a llevar internet en el bolsillo. Con la inteligencia artificial generativa aparece otra transformación: ya no solo buscamos información. Conversamos con un sistema que nos devuelve una respuesta personalizada.
Podemos pedirle que explique una carta administrativa, prepare una lista para un viaje, traduzca un texto, proponga un menú, redacte una reclamación o nos ayude a entender un concepto.
Eso puede ser especialmente útil cuando la tecnología reduce barreras en lugar de aumentarlas. La interacción por voz, por ejemplo, puede facilitar el acceso a personas con dificultades visuales, de escritura o de manejo de interfaces complejas. La investigación sobre adopción de asistentes y chatbots en personas mayores muestra de forma bastante consistente que la facilidad de uso y la utilidad percibida son factores centrales.3
Pero la IA introduce también un riesgo distinto al del buscador tradicional.
Un buscador nos muestra páginas. Una IA formula una respuesta. Y una respuesta bien escrita puede parecer más segura de lo que realmente es.
Que una IA responda con seguridad no significa que tenga razón
La Organización Mundial de la Salud ha advertido de que los modelos generativos pueden producir información falsa, inexacta, sesgada o incompleta, también cuando se utilizan para cuestiones de salud.6
Esto importa especialmente cuando preguntamos por síntomas, medicación, finanzas, asuntos legales o decisiones importantes.
Podemos utilizar la IA para preparar preguntas antes de una consulta, entender términos generales o poner orden a una información que ya tenemos. Pero no deberíamos delegar sin verificación decisiones que pueden afectar seriamente a nuestra salud o patrimonio.
Una regla sencilla sería:
cuanto mayores sean las consecuencias de equivocarnos, menos deberíamos depender de una única respuesta de inteligencia artificial.
¿Y si la IA se convierte en compañía?
Aquí la cuestión se vuelve psicológicamente más interesante.
Una IA está disponible a cualquier hora. Responde sin mostrar cansancio. No se impacienta si repetimos una pregunta. Puede utilizar un lenguaje amable y dar la impresión de que “nos conoce”.
Eso puede resultar agradable e incluso útil. Pero también puede favorecer que atribuyamos al sistema capacidades humanas que no sabemos que tenga: comprensión emocional, intención, preocupación o reciprocidad.
En un estudio estadounidense publicado como comunicación científica en 2025, las personas mayores mostraron más escepticismo hacia el consejo generado por IA que los grupos más jóvenes: entre los participantes de 60 años o más, el 28,3 % había utilizado tecnologías de IA y el 36 % consideraba la IA una fuente válida de consejo. Los autores califican sus resultados como preliminares, por lo que deben interpretarse con prudencia.7
La prudencia, en este caso, no es tecnofobia. Es una forma de autonomía.
Podemos conversar con una IA sin olvidar que una interacción que se siente cercana no es necesariamente una relación recíproca.
La soledad no se resuelve instalando una aplicación
La soledad merece una consideración especial porque puede convertir cualquier tecnología disponible en un recurso emocional muy atractivo.
La OMS estima que alrededor del 11,8 % de las personas mayores experimentan soledad y recuerda que el aislamiento social y la soledad tienen consecuencias relevantes para la salud física y mental.8
La tecnología puede formar parte de las soluciones: facilita contacto, acceso a grupos, actividades y comunicación. Pero el metaanálisis citado anteriormente no encontró un beneficio significativo de las intervenciones digitales sobre la soledad y la evidencia fue de baja certeza.5
Esto ayuda a mantener una idea sencilla: una IA puede acompañar una tarde; no deberíamos pedirle que sustituya una vida relacional.
Otro riesgo menos visible: infantilizar a las personas mayores
Hay familias que, con la intención de proteger, terminan haciendo por la persona lo que podrían enseñarle a hacer.
«Déjame el móvil, que ya lo hago yo».
«No toques eso que lo vas a borrar».
«Tú no te metas en estas cosas de inteligencia artificial».
A veces esa ayuda ahorra cinco minutos. También puede ir erosionando algo más importante: la percepción de competencia.
El edadismo digital existe. Una revisión sobre diseño tecnológico identificó estereotipos, categorizaciones edadistas o decisiones de diseño problemáticas en buena parte de los estudios analizados, además de una participación insuficiente de las propias personas mayores en los procesos de creación tecnológica.9
Ayudar no significa sustituir.
Podemos sentarnos al lado, explicar despacio, repetir, escribir los pasos, ajustar el tamaño de letra, practicar una videollamada o probar juntos una herramienta de IA. Pero siempre que sea posible conviene que sea la propia persona quien pulse, escriba, decida y corrija.
Aprender requiere hacer.
Siete preguntas para saber si la tecnología está ampliando o estrechando mi vida
- ¿Cojo el móvil porque quiero hacer algo concreto o porque no tolero tenerlo lejos?
- ¿Puedo dejar una notificación sin mirar durante un rato?
- ¿El teléfono está interfiriendo en mi sueño, movimiento, conversaciones o actividades?
- ¿Estoy utilizando la pantalla para mantener relaciones o para evitar encuentros que también necesito?
- ¿Pido a la IA información y alternativas, o estoy empezando a pedirle que decida por mí?
- ¿Verifico las respuestas importantes, especialmente las relacionadas con salud, dinero o asuntos legales?
- ¿La tecnología me hace sentir más capaz y autónomo, o cada vez más dependiente de ella o de quien la maneja por mí?
No existe una puntuación diagnóstica para estas preguntas. Sirven para observar la función que la tecnología está teniendo en nuestra vida.
Una propuesta sencilla: utilizar la IA como apoyo, no como piloto automático
Podemos aprovechar muchísimo estas herramientas si mantenemos una posición activa.
En lugar de preguntar únicamente «¿qué tengo que hacer?», podemos pedir: «dame tres opciones y explícame ventajas e inconvenientes».
En lugar de aceptar una respuesta médica, podemos utilizarla para preparar preguntas que después haremos a nuestro profesional sanitario.
En lugar de pedir que redacte todo por nosotros, podemos escribir primero nuestras ideas y utilizarla para ordenarlas.
En lugar de dejar que la aplicación elija siempre el camino, de vez en cuando podemos orientarnos, recordar y decidir por nosotros mismos.
La tecnología es más útil cuando aumenta nuestra capacidad de actuar y no cuando la sustituye silenciosamente.
Qué pueden hacer las familias
Cuando una persona mayor empieza a utilizar nuevas tecnologías, la actitud de quienes la rodean importa mucho.
No conviene ridiculizar los errores. Tampoco asumir que todo riesgo justifica impedir el uso.
Puede ser más útil enseñar cuatro hábitos:
- no compartir contraseñas, códigos bancarios ni información especialmente sensible;
- desconfiar de mensajes que meten prisa o piden dinero;
- comprobar información importante en una segunda fuente;
- pedir ayuda cuando algo resulte extraño, sin vergüenza y sin miedo a recibir una reprimenda.
Y, sobre todo, acompañar sin arrebatar autonomía.
Una sociedad verdaderamente digitalmente inclusiva no es aquella en la que los mayores consiguen adaptarse a tecnologías pensadas por otros. Es aquella en la que también pueden decidir cómo quieren que esas tecnologías formen parte de su vida.
Conclusión: que la tecnología ensanche la vida
Ni el móvil es el enemigo ni la inteligencia artificial es la solución a todos nuestros problemas.
Ambos pueden ampliar autonomía, facilitar contacto, reducir barreras y abrir posibilidades que hace pocos años no existían.
También pueden ocupar demasiado espacio.
La clave no está en contar únicamente horas de pantalla ni en prohibir herramientas nuevas. Está en observar algo más profundo:
¿esta tecnología me ayuda a vivir mi vida o está empezando a organizarla por mí?
Después de los 65 seguimos necesitando lo mismo que en cualquier otra etapa: autonomía, vínculos, capacidad de decisión, curiosidad y espacios donde seguir aprendiendo.
La buena tecnología debería ayudarnos a conservar todo eso.
Que nos conecte sin aislarnos. Que nos ayude sin sustituirnos. Y que nos haga más autónomos, no más pequeños.
Referencias
- Cadena SER. (2026, 22 de septiembre). Palabras Mayores | Dependencia del móvil y de la IA generativa. https://cadenaser.com/audio/1790084559555/
- Instituto Nacional de Estadística. (2025). Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Año 2025. https://www.ine.es/dyngs/Prensa/TICH2025.htm
- Jin, K., Jiang, Q., Zhong, X., Xu, W., Shao, Y., & Zhao, J. (2026). A systematic review of navigating the digital frontier: attitudes, barriers, and facilitators of technology adoption among older adults. Humanities and Social Sciences Communications. https://doi.org/10.1057/s41599-026-08204-w
- Jiang, N., Yao, J., & Wu, Y. (2026). Health correlates and health-related outcomes associated with smartphone-related addictive behaviors in older adults: a scoping review. Frontiers in Public Health, 14, 1879219. https://doi.org/10.3389/fpubh.2026.1879219
- Liu, P., Han, J., & Meng, Q. (2026). Effects of digital technology interventions on mental health of older adults: A systematic review and meta-analysis. Psychogeriatrics, 26(3), e70155. https://doi.org/10.1111/psyg.70155
- World Health Organization. (2025). Ethics and governance of artificial intelligence for health: Guidance on large multi-modal models. https://www.who.int/publications/i/item/9789240084759
- Cerino, L., Felts, A., Balmuth, A., Brennan, T., Lee, C., & Coughlin, J. (2025). Older adults’ perspectives on artificial intelligence as a source of advice. Innovation in Aging, 9(Suppl. 2), igaf122.1371. https://doi.org/10.1093/geroni/igaf122.1371
- World Health Organization. (2026). Reducing social isolation and loneliness among older people. https://www.who.int/activities/reducing-social-isolation-and-loneliness-among-older-people
- Mannheim, I., Wouters, E. J. M., Köttl, H., van Boekel, L. C., Brankaert, R., & van Zaalen, Y. (2023). Ageism in the discourse and practice of designing digital technology for older persons: A scoping review. The Gerontologist, 63(7), 1188-1200. https://doi.org/10.1093/geront/gnac144
Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA
Psicólogo Especialista en Psicología Clínica












