(Dedicado a mis alumnos del Máster de Psicología General Sanitaria y del Grado en Psicología)

Todos conocéis el cuento de la gallina de los huevos de oro: un campesino descubre que su gallina pone huevos de oro, pero su impaciencia lo vence. No quiere esperar. Quiere todos los huevos ahora. En su prisa, mata a la gallina y, con ella, mata también la fuente de aquello que deseaba.

Hoy, en medio de un mundo acelerado, lleno de atajos y promesas inmediatas, esta fábula es más actual que nunca.

Los huevos de oro: la tentación de la inmediatez

Veo en muchos de vosotros la ilusión, las ganas de empezar, de entrar en contacto con pacientes, de “hacer terapia” cuanto antes. Lo comprendo. Pero también veo una trampa que nos tiende esta sociedad:

  • Buscar dinero rápido sin mirar el camino.
  • Pretender resultados sin entender los procesos.
  • Creer que una técnica aislada o un curso breve puede sustituir los años de experiencia, supervisión y formación continuada que necesita un buen psicoterapeuta.

La impaciencia por los “huevos de oro” puede hacer que olvidemos cuidar lo esencial: la gallina, que en este caso sois vosotros mismos como profesionales en formación, vuestra madurez clínica y humana.

La gallina: el proceso lento de convertirse en psicoterapeuta

Convertirse en psicoterapeuta no es un acto, es un proceso. Se forja a fuego lento. Requiere:

  • Tiempo y paciencia. No hay atajos que sustituyan años de trabajo serio y comprometido.
  • Relaciones interdependientes. Escuchar a quienes llevan más recorrido, nutrirse de equipos y supervisiones clínicas.
  • Humildad y honestidad. Reconocer los límites propios y estar siempre dispuesto a aprender.
  • Capacidad de frustración. Aceptar que no siempre hay resultados inmediatos, ni en los pacientes ni en nosotros mismos.
  • Responsabilidad y resistencia. Seguir adelante incluso en los días en que el esfuerzo parece invisible.

Un buen psicoterapeuta no se construye solo leyendo manuales ni aplicando técnicas aisladas: se forma acompañando, escuchando, supervisando, aprendiendo de los errores y observando a otros profesionales en acción.

Ir contracorriente en un mundo acelerado

Sé que en estos tiempos hablar de paciencia, de procesos, de cocinar las cosas a fuego lento, parece ir contracorriente. Vivimos rodeados de promesas fáciles y de una cultura que vende “resultados inmediatos” en todo. Pero en psicología clínica, esa prisa no solo es ingenua: puede ser peligrosa.

Un psicoterapeuta necesita tiempo para ver, escuchar, fallar, volver a intentar, y crecer poco a poco, siempre con la guía de quienes ya han recorrido el camino. Este proceso no solo os forma como profesionales: os forma como personas.

Una invitación desde el cuidado

Quiero dedicaros este artículo como una reflexión afectuosa: cuidar de la gallina significa cuidar de vuestro propio proceso de formación y crecimiento profesional.

Porque el buen fruto —la competencia clínica, la confianza en uno mismo, la capacidad real de ayudar a otros— no se obtiene matando el proceso, sino respetándolo. Las cosas bien hechas, como la buena cocina, necesitan tiempo, paciencia y fuego lento.

En un mundo que corre, os invito a deteneros un poco. A confiar en que los huevos de oro llegarán, pero solo si cuidáis primero de la gallina.

Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Dedicado a los estudiantes del Máster y Grado de Psicología: una metáfora sobre la necesidad de procesos lentos y valores en la formación clínica.