La autoestima no se construye con frases motivacionales ni con un catálogo de estrategias rápidas. Es un proceso más profundo, más parecido a excavar que a decorar. Cuando una persona consulta por problemas de autoestima suele llegar con la sensación de que algo en su interior está dañado, defectuoso o insuficiente. La respuesta habitual del entorno consiste en recomendar técnicas, ejercicios, afirmaciones o cambios de hábitos. Algunos de estos recursos pueden ayudar. Funcionan como muletas provisionales. Sostienen, orientan, dan cierta estructura. Sin embargo, no tocan el núcleo del problema.

La autoestima no es una habilidad aislada que pueda entrenarse de forma técnica. Es el resultado de una historia. Es la forma en que una persona ha aprendido a verse a sí misma después de años de experiencias relacionales, afectivas y simbólicas. Cada gesto recibido, cada mirada significativa, cada ausencia, cada crítica, cada vínculo importante deja una marca silenciosa en esa construcción.

Cuando alguien dice que tiene baja autoestima en realidad está diciendo algo más complejo. Está diciendo que, en algún momento de su historia, su sentido de valor personal quedó herido, confundido o debilitado. Por eso el trabajo terapéutico no empieza preguntando cómo mejorar la autoestima, empieza preguntando qué ha ocurrido.

Conviene detenerse ahí. Mirar la biografía con calma. Explorar los momentos que han ido moldeando la percepción de uno mismo. Qué mensajes se escucharon durante la infancia y la adolescencia. Qué lugar ocupaba esa persona dentro de su familia. Qué experiencias de reconocimiento o de rechazo se vivieron. Qué pérdidas o rupturas dejaron una huella emocional. Qué exigencias internas se instalaron con el paso del tiempo.

La autoestima se parece mucho a una narración interior. Una historia que la persona se cuenta sobre quién es y cuánto vale. Si esa narración se ha construido sobre episodios de humillación, abandono, crítica constante o invisibilidad emocional, el resultado suele ser una identidad frágil o castigadora. La persona no solo se siente insuficiente. Aprende a mirarse con los mismos ojos con los que fue mirada.

Por esa razón el eje del trabajo no consiste en repetir afirmaciones positivas frente al espejo. El eje consiste en comprender la historia que dio forma a esa mirada interna. Comprender por qué se instaló. Comprender qué función cumplió en determinados momentos de la vida. Y comprender también qué partes de esa historia siguen actuando hoy sin que la persona sea plenamente consciente.

En psicoterapia este proceso tiene algo de reconstrucción narrativa. La persona empieza a revisar episodios que parecían olvidados o que siempre habían sido interpretados desde una perspectiva muy dura consigo misma. Poco a poco aparecen matices. Contextos. Comprensiones nuevas. Aquello que parecía un defecto personal empieza a entenderse como una adaptación a determinadas circunstancias vitales.

Ese cambio de perspectiva es fundamental. Permite desplazar la culpa y abrir espacio para una relación más compasiva con uno mismo. No se trata de justificar todo lo ocurrido ni de negar el sufrimiento. Se trata de colocar cada experiencia en su lugar dentro de la historia personal.

Cuando ese trabajo se realiza con profundidad, la autoestima comienza a transformarse de forma más sólida. No porque la persona se repita que vale más, sino porque empieza a comprender quién es realmente y de dónde vienen sus heridas.

Las estrategias prácticas pueden seguir teniendo un lugar. Ayudan a consolidar cambios, a entrenar nuevas formas de relación con uno mismo y con los demás. Pero su papel es secundario. Son herramientas que acompañan el proceso. No constituyen el corazón del cambio.

El corazón del trabajo consiste en mirar la propia vida con honestidad. Entender cómo se formó la imagen de uno mismo. Reconocer los momentos en los que esa imagen se quebró. Y empezar a construir una forma más justa de narrarse.

La autoestima, en el fondo, no se levanta con técnicas. Se reconstruye cuando una persona logra reconciliarse con su propia historia. Porque solo cuando la historia se comprende, la identidad deja de ser una herida abierta y empieza a convertirse en un lugar habitable.

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Vamos a trabajar grupalmente:

Días: 1, 15, 22 y 29 de abril
Horario: 18:00 a 19:15
Grupo reducido. Plazas limitadas.

Inscripción abierta:
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Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica