Aunque nos parezca increíble en países como Japón se realizan talleres con profesores de lágrimas que visitan empresas y escuelas, con la intención única de que las personas puedan llorar. Culturalmente los japoneses están entrenados en inhibir el llanto y la expresión emocional delante de otros. Esto nos puede hacer pensar que la inhibición del llanto o de otras expresiones emocionales puede tener como consecuencia la desconexión progresiva de la capacidad de exteriorizar de nuestras emociones.

En la consulta me he encontrado con pacientes que me dicen que se les olvidó llorar, que quieren hacerlo, pero ven que no pueden llorar. Cuentan que están como bloqueados, como “desenchufados” de la emoción. Se ha creado un cristal invisible en el que al un lado habitan las emociones y al otro la realidad vivida. Por lo tanto, se ven, pero no se conectan.

La expresión de todas nuestras emociones, o como en este caso, el llanto es clave para convivir con el sentimiento de soledad universal que nos acompaña y para sentirnos vivos. Toda emoción actúa como una energía que busca una salida, una canalización natural en la expresión. Mas en concreto el llanto nos descarga de un estrés o carga psíquica, libera la tensión emocional provocando un estado de placidez y calma posterior para sanar un dolor o herida emocional.

Desde el punto de vista físico el llanto estimula la liberación de endorfinas y oxitocina reduciendo el dolor, el estrés o la angustia. Mejora la respiración y evita problemas como la aparición de úlceras o colitis crónicas entre otros problemas gastrointestinales.

De no expresar el llanto u otra emoción, se queda bloqueado o reprimida, lo que harán que se incremente y se vuelva contra el cuerpo pudiendo provocar todo tipo de enfermedades psicosomáticas.

En Tokio diferentes compañías están llevando a cabo talleres de llanto y sesiones de abrazos, la idea original fue del empresario Hiroki Terai. Asimismo, este empresario dirigió un proyecto sobre la creación de ceremonias de divorcio donde se culminaba el ritual con el momento catártico del llanto, lo que no vendría nada mal a nuestra cultura occidental teniendo en cuenta como terminan muchas situaciones de separaciones y divorcios.

En este mundo posmoderno y sobretecnificado que confunde lo fácil con lo bueno, el placer con el bienestar, la distancia con el abandono y cada vez mas desconectado de lo esencialmente humano como el “cara a cara” o “el tacto de la piel del otro” que resultan en conductas evitativo-aversivas. Y ahora también nos encontramos con el olvido del llanto, “no puedo llorar”.

Ante esto, te diría que en primer lugar que no inhibas el llanto, sino que tengas una cita con el y te favorezcas llorar si así lo sientes. Llorar es tan saludable y natural como reír.

Ahora puedes preguntarte ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

 

Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica