“Después de pasar el dí­a con esa persona, de acostarme con ella y aun con el olor de su cuerpo que trato de disimular temerosamente, abro la puerta de mi casa y mi hija viene a darme un gran beso, me abraza. Mi mujer ha llegado hace poco de trabajar y se está cambiando. Aparece como en un cuadro al pie de la puerta poniéndose una especie de jersey blanco para estar en casa. Me sonríe, me besa y cálidamente me pregunta que tal el dí­a.Mientras respondo esforzadamente de forma rutinaria y casi automática, caigo en el mas profundo de los vacíos emocionales. Mi corazón se siente triste y alegre a la vez. La culpa me desgarra y casi no puedo pensar. Odio y quiero, deseo y rechazo. Cielo e infierno. Me pregunto si me estaré volviendo loco. Realmente, ¿Qué es lo que quiero?.

La persona que mantienen varias relaciones al mismo tiempo o de forma paralela a su vida familiar no necesariamente es un malvado, ni un perverso, ni un psicópata. Solo humano, demasiado humano. Pudiera ser una persona que es dolorosamente consciente de que sus actos van en contra de sus principios, de su moral, de sus creencias. Que racionalmente no desea vivir de esa forma­, en esa dolorosa ambivalencia de estar en dos sitios mentales y afectivos diferentes. El sentimiento de culpa puede convertirse en algo casi insoportable y reina la confusión, obteniendo una fuerte disonancia entre quien cree que es y lo que está haciendo. Duele dejar marchar pero también duele tomar.

Antes de nada recordemos que las elecciones de pareja son inconscientes. Nuestros deseos y nuestras necesidades emocionales tienen un gran peso en las decisiones que tomamos y en la vida que construimos. No es necesario dejar de querer a la persona con la que convives para desear y sentir por otra.

Cada persona tiene sus propias razones emocionales. El psiquismo es muy sabio y busca atender sus propias necesidades encontrando un equilibrio interno a pesar de nosotros mismos. Una vez sucede, se trata de poner en orden. Parece razonable pensar que las personas no deciden sufrir de forma voluntaria y consciente, no es algo que está planeado, por el contrario es algo en lo que uno se va deslizando suave y bruscamente a la vez. Ahora bien, hay que hacerse cargo de ello.

Lo primero es cambiar la pregunta. Es mas importante encontrar las preguntas que las respuestas.

Cambiemos entonces la pregunta, ¿por qué soy infiel?, por ¿para qué soy infiel?.