Engreídos, arrogantes, inmunes a la crítica, hipertrofiados en su autoimagen y confianza, obsesionados por el prestigio, el poder, sobreestimando sus capacidades y fortalezas, sordos y ciegos de narcisización, con un manejo imprudente y desmesurado de la abundancia y el éxito. Estas personas sucumben a la creencia de estar por encima de las demás, perdiendo el respeto de la autoridad y menospreciando los límites.

No es algo nuevo, hay ejemplos de ello desde hace más de 600 a C. Los griegos, a aquellas personas que sufrían este desorden de la personalidad, que entraban en este estado mental y actitudinal, las denominaban hybristai.  La enfermedad de Hibris, la enfermedad de la desmesura o la enfermedad del sentido.

Así mismo podemos observar como en los años 70 el ministro de Sanidad y Exteriores británico, David Owen, que a su vez era psiquiatra declaró, tras su experiencia en la política, que muchos de los que se dedicaban a la política eran “peligrosos enfermos mentales” con graves consecuencias para la sociedad dada la trascendencia de su cargo.

Por otro lado, los psicólogos Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU) demostraron la existencia del efecto Dunning-Kruger o sesgo cognitivo en la capacidad metacognitiva. Descubrimiento por el que fueron premiados en el año 2000.

En síntesis, viene a decir que existen personas incompetentes que además de serlo carecen de la capacidad de darse cuenta de su propia ineptitud. Y por si fuera poco se sienten más inteligentes y competentes que los demás.

En la antigua Grecia para tratar esta enfermedad del sentido por un lado se llamaba al autoconocimiento, al reconocimiento de los propios límites. Para todos es conocidos la máxima que se encuentra inscrita en el pórtico del Tempo de Apolo en Delfos, “Conócete a ti mismo”. Y por otro lado a la ética. La ética para logar el principio mas elevado, el bien y hacer el bien.

La personalidad hoy día puede ser evaluada, se pueden detectar desordenes y alteraciones en ellas, y lo que es más importante se puede forjar el desarrollo del carácter y la integridad de la persona.

Esta sociedad precisa con urgencia de personas que estén formadas de carácter dentro de la política, personas con excelencia de carácter y con excelencia moral, es decir, que posean códigos éticos, con capacidad para mirar atentamente afuera, para escuchar activamente, con autocrítica y memoria, con valores, decididos a buscar respuestas para hacer el bien y decididos a asumir el desafío del cambio profundo desde la generosidad y la integridad.

Heráclito, que ya lo vio de forma muy clara en su época dijo: “Urge más extinguir la hibris que un gran incendio”.

Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica