Una nueva investigación publicada el 7 de octubre de 2026 en JAMA Psychiatry ha encontrado una asociación entre ambos fenómenos.

El estudio analizó información de 187.341 personas de 50 años o más. Sus resultados indican que quienes tenían un diagnóstico registrado de TDAH presentaban una mayor frecuencia posterior de deterioro cognitivo leve o demencia.

El hallazgo resulta interesante para la psicología clínica y la neuropsicología, aunque todavía existen preguntas importantes sobre su significado.

El TDAH también existe en la edad adulta

Durante mucho tiempo, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad se ha asociado principalmente con niños que presentan dificultades para mantener la atención, controlar sus impulsos o regular su actividad.

Actualmente sabemos que el TDAH puede persistir durante la edad adulta y que sus manifestaciones cambian con el desarrollo.

En muchas personas adultas, las dificultades más relevantes tienen que ver con la organización, la planificación, la gestión del tiempo, el mantenimiento de la atención o la regulación de determinadas respuestas emocionales.

Estas dificultades pueden influir en el funcionamiento cotidiano, las relaciones personales y la vida laboral.

Sin embargo, sabemos bastante menos sobre cómo evoluciona el TDAH durante la vejez y qué relación puede mantener con otros problemas cognitivos.

¿Qué investigaron los científicos?

El equipo dirigido por Guilherme Bauer-Negrini utilizó datos del programa estadounidense All of Us Research Program.

Se incluyeron 187.341 adultos de 50 años o más que disponían de información clínica y genética.

La edad media al incorporarse a la cohorte era de 56,4 años y el periodo medio de seguimiento disponible fue de 10,26 años.

De todos los participantes, 3.026 tenían un diagnóstico registrado de TDAH.

Los investigadores analizaron si estas personas presentaban posteriormente una mayor frecuencia de dos problemas:

  • Deterioro cognitivo leve.
  • Demencia.

También estudiaron si una mayor predisposición genética al TDAH se relacionaba con esos resultados.

¿Qué encontraron?

Durante el periodo observado, 6.462 participantes recibieron un diagnóstico de deterioro cognitivo leve o demencia.

Entre las personas con TDAH, 203 de 3.026 desarrollaron alguno de estos problemas, lo que representa el 6,7 %.

Entre quienes no tenían TDAH, el porcentaje fue del 3,4 %.

En términos absolutos, la diferencia observada fue de 3,3 puntos porcentuales.

Los análisis estadísticos también encontraron una asociación significativa entre el diagnóstico de TDAH y la aparición posterior de deterioro cognitivo.

Sin embargo, la magnitud de esa asociación cambió cuando los investigadores tuvieron en cuenta otras características de los participantes.

¿Por qué es importante interpretar correctamente las cifras?

Algunos titulares podrían presentar estos resultados afirmando que el TDAH multiplica por cuatro el riesgo de demencia.

Esa interpretación sería incompleta.

En uno de los modelos estadísticos principales, los investigadores encontraron un hazard ratio de 4,60.

Pero cuando incorporaron más variables relacionadas con enfermedades médicas, problemas psiquiátricos, nivel educativo, tabaquismo y utilización de servicios sanitarios, la asociación disminuyó hasta un hazard ratio de 3,08.

Además, cuando exigieron intervalos progresivamente mayores entre el diagnóstico de TDAH y el deterioro cognitivo, la asociación volvió a debilitarse.

Estos cambios son relevantes porque indican que una parte de la relación observada puede estar vinculada a otros factores.

El estudio tampoco demuestra que una persona con TDAH tenga una probabilidad individual tres o cuatro veces mayor de desarrollar demencia.

Los resultados describen asociaciones estadísticas observadas en una población concreta.

El problema de confundir síntomas

Existe una dificultad clínica especialmente importante cuando estudiamos el TDAH durante la edad adulta avanzada.

Algunas manifestaciones pueden parecerse a las que aparecen durante las primeras fases del deterioro cognitivo.

Una persona puede experimentar dificultades para concentrarse, recordar determinadas tareas, organizar su actividad cotidiana o mantener una conversación compleja.

Estos problemas pueden aparecer en el TDAH, pero también en cuadros depresivos, trastornos del sueño, situaciones de estrés y enfermedades neurodegenerativas.

La evaluación clínica debe prestar especial atención a la historia temporal de los síntomas.

En el TDAH, las dificultades características se relacionan con un patrón del neurodesarrollo que comienza en etapas tempranas de la vida, aunque el diagnóstico pueda realizarse muchos años después.

En los procesos neurodegenerativos suele existir un deterioro adquirido respecto al funcionamiento previo.

La diferencia puede resultar difícil de establecer cuando no disponemos de información fiable sobre la historia personal.

¿Podría existir una relación genética?

Los investigadores incorporaron una segunda estrategia para estudiar el problema.

Utilizaron una puntuación de riesgo poligénico para estimar la predisposición genética al TDAH.

Este tipo de puntuación combina información de numerosas variantes genéticas relacionadas estadísticamente con un determinado rasgo o trastorno.

Las personas situadas en el grupo de mayor predisposición genética al TDAH presentaron una asociación estadística con mayor frecuencia de deterioro cognitivo.

La magnitud fue considerablemente menor que la encontrada mediante los diagnósticos clínicos: hazard ratio de 1,35.

Este resultado aporta información complementaria, pero tampoco demuestra causalidad.

Es posible que existan factores genéticos compartidos que influyan sobre diferentes procesos psicológicos o neurológicos.

También podrían intervenir otros mecanismos que todavía desconocemos.

¿Qué sabemos sobre la relación entre TDAH y demencia?

Esta investigación no aparece de manera aislada.

En 2023, un estudio publicado en JAMA Network Open analizó a 109.218 adultos y encontró una asociación entre el diagnóstico de TDAH en la edad adulta y una mayor incidencia posterior de demencia.

El nuevo trabajo amplía esa línea de investigación mediante una muestra mayor y la incorporación de información genética.

Los resultados de ambos estudios son compatibles con la existencia de una asociación.

Sin embargo, todavía necesitamos comprender qué procesos pueden explicarla.

¿Qué factores podrían intervenir?

Los investigadores plantean distintas hipótesis.

Una posibilidad es que determinadas vulnerabilidades neurobiológicas compartidas influyan tanto en las manifestaciones del TDAH como en algunos procesos relacionados con el envejecimiento cognitivo.

También podrían intervenir factores acumulados durante la vida.

Entre ellos se encuentran las dificultades de sueño, determinados problemas cardiovasculares, el estrés mantenido, el consumo de sustancias y otros problemas de salud que pueden coexistir con el TDAH.

Estas posibilidades todavía deben investigarse mediante estudios longitudinales que permitan separar mejor sus contribuciones.

No sabemos qué proporción de la asociación observada corresponde a cada mecanismo.

¿Tener TDAH significa que desarrollaré demencia?

No.

La mayoría de las personas con TDAH incluidas en el estudio no desarrollaron deterioro cognitivo durante el periodo observado.

Además, la investigación utilizó diagnósticos registrados en historias clínicas. No todas las personas recibieron una evaluación neuropsicológica uniforme.

El estudio tampoco permite calcular el riesgo individual de una persona concreta a lo largo de toda su vida.

Por tanto, sería incorrecto interpretar el diagnóstico de TDAH como un pronóstico de demencia.

¿Qué implicaciones tiene para la psicología clínica?

La primera implicación es prestar mayor atención a la evolución cognitiva de las personas adultas con TDAH, especialmente cuando comienzan a experimentar dificultades nuevas.

Conviene conocer su funcionamiento habitual y distinguir entre problemas presentes desde hace muchos años y cambios recientes.

También resulta importante valorar la presencia de síntomas depresivos, problemas de sueño, enfermedades médicas y otras circunstancias que pueden afectar al rendimiento cognitivo.

Cuando aparecen cambios progresivos en la memoria, la orientación, el lenguaje o la autonomía cotidiana, puede ser necesaria una evaluación neuropsicológica y médica.

El estudio todavía no demuestra que todas las personas con TDAH necesiten pruebas sistemáticas de detección de demencia.

Tampoco sabemos si los tratamientos farmacológicos o psicológicos del TDAH modifican el riesgo futuro de deterioro cognitivo.

Una cuestión importante para el envejecimiento

Durante muchos años hemos estudiado el TDAH principalmente desde la infancia y la adolescencia.

El aumento de diagnósticos en adultos y el envejecimiento de las personas que viven con este trastorno plantean nuevas preguntas.

Necesitamos conocer mejor cómo evolucionan sus dificultades cognitivas, qué factores pueden proteger su funcionamiento y qué intervenciones resultan útiles cuando aparecen problemas añadidos.

El estudio publicado en JAMA Psychiatry ofrece una nueva razón para investigar esta relación.

También recuerda la importancia de interpretar con prudencia las asociaciones estadísticas.

Una investigación puede identificar un problema que merece atención sin haber descubierto todavía sus causas.

Referencias bibliográficas

Bauer-Negrini, G., Leffa, D. T., Ferreira, P. C. L., et al. (2026). Attention-deficit/hyperactivity disorder and late-life cognitive impairment. JAMA Psychiatry. Publicado online el 7 de octubre de 2026. doi:10.1001/jamapsychiatry.2026.3165.

Levine, S. Z., Rotstein, A., Kodesh, A., Sandin, S., Lee, B. K., Weinstein, G., Schnaider Beeri, M., & Reichenberg, A. (2023). Adult attention-deficit/hyperactivity disorder and the risk of dementia. JAMA Network Open, 6(10), e2338088. doi:10.1001/jamanetworkopen.2023.38088.

Dr. Psi. RICARDO BRAVO DE MEDINA

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica